Prosa, poesía y anotaciones de Andrea Juliana Enciso M.
martes, 20 de julio de 2010
Sopor Aeternus - "ella y su gato" cortometraje japones Inschrift/Epitaph...
Lo coloco aqui en el blog, quizá por que es una forma de no perder un instante, la fragilidad que se siente en la música y en la historia del cortometraje. Debe ser por mi amor a los gatos.
martes, 13 de julio de 2010
Día a día el sentido, la inmortalidad

Intentemos despejar. Digamos que me llamo Juan o John o Juana, en fin, como quieran llamarme y llevo un trabajo cualquiera como pasear perros, atender una oficina o limpiar una casa. En este momento, estoy tirado en una poltrona azul de cuero imitación, para muchos un insulto a la estética de cualquier casa, para mi todo un tributo a la comodidad, observando cómo los mosquitos dan vueltas alrededor de un bombillo.
Puede ser azar, pero cualquiera de los mosquitos podría ser yo. Toda luz es calor, las mujeres cansadas en la lista de viernes por la noche con su perfume diciendo “hola.. ¿qué tienes para mi hoy?” un tazón de chocolate caliente o “la luz de la palabra de Cristo te salvará”, a la que acuden en ráfagas humanas algunos de mis amigos el sábado al teatro ubicado en alguna zona de la calle 13 para que la soledad sea menos infernal. Pienso también en la luz de una pantalla de cualquier café internet, en la contraseña del messenger, el clic de alguna ventana de algún desconocido que me llama y al cuál saludo sin saber que decir, unos labios, el pico de una botella de cerveza, el aire impersonal de una secadora de manos de baño público. Imagino mil cosas, recuerdo algunas del día que ha pasado y sigo observando con mayor atención los tres o cinco zancudos que dan vueltas alrededor del bombillo. A veces los envidio, ahora que prendo mi cigarrillo y tiro las cenizas en cualquier hueco de la vieja poltrona, pienso que ellos tienen centro, torpes, hasta que alguien como yo los inmortaliza en cualquiera de estas paredes que debe parecer para ellos el infinito.
¿Que será un bombillo para un zancudo? ¿Cuánto tiempo dura el centro para un ser vivo?. Los seres humanos por estadística duramos en promedio unos 75 años si no nos conectan a alguna pared como un celular cualquiera, ¿cuánto dura el centro?¿cuánto dura nuestra necesidad por el centro hasta que distraídos tomamos otros rumbos y algo o alguien nos inmortaliza en nuestro infinito? .Pienso que tengo muchos centros en tanto muchas vidas hasta en un mismo día. Soy el que gira en torno a los deberes hasta las doce del día y luego los labios de alguien me acercan cada vez más hasta que me siento en el útero. A veces el calor de una charla me llama y me siento parte de la tribu, hasta cuando recuerdo que a las 20 horas van dar el especial de U2, entonces quiero llegar rápido a casa y ser parte de ese ojo que me cuenta cosas. Otras veces me levanto creyendo que va a ser mi día, imagino todo lo que puedo conocer, imagino que hay alguien al otro lado observándome pero yo estoy adentro en esa foto y es a mi a quien se le puede preguntar todo tipo de cosas acerca del olor del lugar, a que saben las mañanas, como preparan el ajo o cual es la anécdota que más me gusta relatar.
Entonces, dejo de mirar fijamente el techo y apago el despertador para buscar el centro que se me suele perder cuando me aburro en exceso y vuelvo a caminar en fila como las hormigas.
martes, 6 de julio de 2010
No me compres una olla a presión cuando sea grande: los susurros femeninos en los blogs en la democracia del simulacro de internet
http://es.globalvoicesonline.org/2010/06/29/festival-de-blogs-colombia-la-mujer-en-la-red/

Ayer fui a ver Eclipse, ésta evolución de los cuentos de hadas para adolescentes, donde la gente sigue proclamando lo antinatural de la monogamia eterna y las mujeres con sobrepeso de 13 kilos , no son aptas para conseguir la mirada penetrante de un apuesto hombre lobo o el corazón apasionado de un flemático y bello vampiro …o vampira. En fin, después de 23 años, de pedir ser la bruja en los juegos de te de mi infancia en colegio femenino y dictar la clase de género por tres años, quedo con la impresión que las mujeres siguen siendo prefabricadas con las tecnologías del discurso, que lo único que cambia son las maneras de contar las historias de amor que no son más en muchas ocasiones que dispositivos de control y maneras de dar a cada quien su rol en la cotidianidad. Maneras de definir quién es el que espera o el que habla, quien es el que actúa y el que pide como la víctima, ser rescatado o rescatada.
En pocas palabras, la exclusión de todos aquellos que no son bellos, ni adolescentes, ni especiales para otorgarles el silencio de lo innombrado dentro de los discursos de lo ideal. Pero ¿Qué hay en ese silencio?¿acaso los hombres y mujeres que no son especiales, ni freaks particulares tienen alguna oportunidad en éste lugar donde todos en nombre del simulacro son bellos y saludables?. Para los optimistas, la respuesta sería obvia: ¡claro que si.! El mundo del internet, es un lugar abierto y democrático, ideal para fragmentar la manera de crear el discurso, no hegemónico, multicéntrico, abierto siempre a todo aquello que por siglos desde el dominio de la modernidad, no dio cabida a todo aquello no falocéntrico, masculino y viril, si por ello entendemos la construcción de lo canónico, lo verdadero y lo bello.
Esa búsqueda casi obsesa como quien se limpia las uñas hasta el cansancio de lo sublime que el romanticismo dejó y que los anteojos de la época moderna instauraron hasta más no poder en la divinidad del texto escrito que tanto amamos recitar en las universidades, es lo que supuestamente el internet pondría (para los que creen que todos los días son azules al son del Lilly Allen y no hay que comer carbohidratos por las noches) en entredicho. Así que en ese orden de ideas, lo femenino, o mejor, lo no falocentrico tendría una gran ventaja, en éste territorio de caída del dios de Descartes y los discursos no institucionales tendrían una mayor cabida. Pero si eso es así y el mundo del discurso es abierto como el campo verde de lo indy ¿Por qué sigo viendo en Sony entretainment los caballeros las prefieren brutas o me siguen llegando correos en cadena de bromas con siliconas talla 38 o los extremos de la belleza de las mujeres como una frágil flor que todos los días debes cuidar?.Algo no está bien, y lo que creo que no funciona no es el asunto de que cada vez más hay nuevos espacios para la expresión libre, como es el caso de los blogs o los perfiles, sino por decirlo de alguna manera los códigos de lectura y los mecanismos en que se construye lo que debe ser leído y todo aquello que es basura. Si, es cierto, que cada vez es más frecuente encontrar mujeres en la red, pero alguno de ustedes me puede decir ¿Cuántas mujeres frecuenta leer? Sé que las que más leen hablan de sexo , sexualidad o demás simulacros, sólo vean los blogs de los periódicos, o mis congéneres de 22 años que creen que lo más Cool es Andy Warhol o ser bisexual, o simplemente pensar llegar a los 30 como Barbie exitosa con suficiente tiempo para el gimnasio, claro sin contar, los blogs de amor y desamor, que siempre arrancan más de una palabra en la soledad y más en éste simulacro de esconder secretos en lugares públicos como es un blog.
Pero la estructura sigue intacta, todos y todas aquellas marginadas de lo falocéntrico, que no viven para ser Bella Swan o Jacob, dama y caballero al rescate, continúan sin espacios para ser leídos y al menos escuchados como voces válidas con algo que decir más allá de la cotidianidad y el cansancio del simulacro en una sociedad donde el secreto ha pasado de moda y lo más importante es ser visto. En ese último aspecto si me preguntan acerca de las mujeres, si hemos encontrado una nueva tecnología, otro dispositivo para dejar el miriñaque de la tradición, creo honestamente que no, que todo lo contrario, quizá hemos encontrado por medio de la simulación otra manera de escondernos, de hablar como siempre con susurros en la web y dejar en el mundo donde todos son saludables y populares en internet, nuestra frustración por no ser Rachel Maddow o Lady Gaga, o cualquiera de éstas presentadoras de canal de televisión, con las que las madres promedio colombianas sueñan como modelo para sus hijas de tal manera que cuando sean mayores puedan aún sin vampiro pero sí con promesa de matrimonio eterno sin capitulaciones, ser felices para siempre, para recibir cuando cumplan 40 de día de la madre una olla a presión.
No me quejo de internet, creo que la mayor parte de mi tiempo estoy conectada, pero creo que el asunto no es solo el espacio abierto de lo otro, es también, pensar como esos otros que no están en la vitrina de la buena simulación, son válidos como lecturas posibles más allá de lo freak o lo especial, en que irónicamente lo común- los treces kilos de sobrepeso, el hombre que no supera los 1.70, la mujer que pelea todos los días con su armario- puede ser un lugar seductor en estás épocas de tantos disfraces y exceso de representación.
Mientras empaco mis cajas: mi madre

El Pasado. Habitualmente vivo mis días con la idea de que los muertos están muertos y el territorio de la ausencia no es un lugar propicio para el presente. Eso en cierta forma se lo dejo a Juan Rulfo. Más sin embargo, ahora que empaco mis maletas – la semana anterior embalé la historia institucional de mi cuerpo en el resumen clínico – descubro que algunos muertos nos tocan la cara y nos dejan con el frio de la impotencia en el momento de la partida. En ese sentido me refiero a mi madre. Por 17 años he vivido con la idea de que extrañar un muerto es perder el tiempo de la vida. Así, con rabia y algo de soberbia me las he arreglado para tomar mis decisiones y seguir adelante, siempre con la premisa de que el pasado no ofrece nada para mi.
Ahora, a seis semanas de dejar el país, siento que extraño a mi madre, que la rabia no llena los espacios para un hasta luego o la promesa del regreso por aquello que se queda aquí y no puede ir a ningún lugar. Estoy en ese momento en que creo que mis alegatos a mi tradición- que es casi lo mismo que pelear con Dios para una atea recientemente convertida al agnosticismo- no van a llenar éste espacio vacío en las entrañas.
Creo que después de tantos años de vivir como huérfana, lo único que me quedo de ella es la idea, la vaga sensación de que no todas las noches, ni todos los refriados fueron solitarios. Ya ni siquiera recuerdo su olor. Tengo sombras vagas de su sonrisa y sus ojos pardos, pero ni siquiera con el lenguaje puedo decir como sonaban sus palabras. Mentalmente puedo decir que extraño su tibieza, la leche caliente por las noches mientras terminaba mis tareas, la idea de que siempre hay un puerto de partida y de llegada, no importa cuántas veces se caiga. Pero ahora después de múltiples caídas y saberse tan lejos de lo que alguna vez se señalo para mi vida, ella es ahora como en mi boca el hueco de las cuatro cordales que me extrajeron hace pocos días: sé que no las necesito para morder nada, pero cada vez que paso mi lengua, el hueco está ahí y la molestia se siente hasta que me acostumbre a su falta. Quizá la diferencia es que hay heridas que sanan más prontamente y no se abren , otras como la legendaria herida que el mismo Rey Arturo se propinó, nunca sanan y duelen probablemente hasta el fin de la existencia.
Hoy, a seis semanas de dejar mi casa probablemente para siempre, cuanto quisiera unas palabras que me dieran animo y tiernamente me dolieran por abandonar la plenitud del útero. Más es una ausencia la que me pare y es mi trabajo ahora buscar presencias para construir el presente y el futuro, para tener sentido más allá de las orfandades del que parte sin dejar su madre, o el que abandona a sus amigos, que, como bien sostiene el poeta Jattin son nuestro batallón de ángeles guardianes. Lo único presente a veces para quien decide dejar su pasado.
miércoles, 14 de abril de 2010
Lo que se está llevando la lluvia antes de irme: Literatura colombiana y otras malas enunciaciones

De los días lluviosos donde escribir se hace imperativo para continuar con el día: Por lo pronto hay muchas cosas que hacer como por ejemplo, calificar parciales, preparar clase e ir a traducir papeles, sin contar que hay que ir a solicitar lo más pronto posible el pin para solicitar la visa. Esto es la línea de la rutina. Más sin embargo, en la cotidianidad de ésta ciudad donde nunca se ve el sol me reconozco cansada y decepcionada de personas pero en general de historias que solía tener como sagradas. Para empezar tenemos a la literatura. Paso por un periodo de aridez total, no escribo ni siquiera una coma, después de pugnas de años frente a la tendencia al intimismo que me invade en mi proyecto de escritura, ahora ni siquiera enuncio y no sé que sería aquello que podría desligarme de mi experiencia solipsísta frente a la escritura no como forma de desahogo sino como arte en capacidad de hablar entre la primera persona y el universo. Mi intuición me dice que debo buscar un instrumento preciso en capacidad de ser sensible pero al mismo tiempo elocuente. Tocar pero al mismo tiempo crear. ¿Hasta qué punto esto me está llevando más al camino del ensayo y la crítica? , no lo sé. La otra cosa es que puedo contar, cuál es mi caja de herramientas.
Hablando de otras cosas, ayer en uno de esos días tan propios de Bogotá cuando la lluvia se pega a los jeans y sientes todo absolutamente frio, acepté ir a una tertulia. Creo que hubiese hecho más en mi casa debajo de mis cobijas o sintiendo pasar por intravenosa Marcel Proust –si, esa lectura que un versado en literatura debe hacer alguna vez en su vida, aunque estoy llegando a pensar que como todo lo obligatorio es una lata con polenta, pero bueno, ese es mi punto de vista-. El balance, no fue pésimo sino letal. Por un lado un hombrecito con bigote del Zorro, con tenis verde militar de mala calidad y pantalón de sudadera gris, leyó un cuento suyo de “novela negra”, espantoso simplemente, haciendo honor a la porno miseria de éste país de busetas, balas y una mala selección de futbol. Un manejo del lenguaje absolutamente pobre con nombres que honran los culebrones mexicanos o venezolanos. Lo que más me duele, es pensar es que esa basura la que brilla en los anaqueles de las librerías colombianas. Recordé el dicho de un compañero ahora editor de una importante revista: desconfía de una persona que vista mal y se ufane de escribir bien, pues el gusto es una característica necesaria para quien se dedica al arte. Pero no vayamos lejos, pensé que la poesía podía salvar la tanda. Aquí, los pocos que bien podrían redimir la tanda, hablan de trenes y nieve en éste moridero del tercer mundo. No superamos el anacronismo del poeta Valencia que alguna vez hizo un poema acerca de los camellos sin haber visto alguno en su vida.
Eso sí que me dejó mal parada y bastante decepcionada además. Me gustaría pensar que me voy con una caja de cosas hermosas y que la creación en mi país abre un panorama a la reflexión y a la pregunta de quienes somos, no cómo vástagos de la tradición eurocentrista, sino como interlocutores que no necesitan del exotismo -antes de la papaya y la guacamaya del realismo mágico y ahora de las balas y los sicarios- para abrirse un lugar válido en la enunciación del discurso del mundo. Así que siento que me voy un poco triste, hasta decepcionada de mis antiguos mitos, como si todas las palabras en las que creí aquí se deslieran como un papelito que se lleva la lluvia por las calles de dios sabe quién.
jueves, 30 de julio de 2009
Caminar: el placer del recorrido sin tiempo limite
Caminar es ante todo un ejercicio espiritual. Asumirse en medio de la acera sin rumbo fijo o destino determinado, es darse a la tarea de avanzar sin la necesidad de excusarnos en el otro o su falta. El temor a caminar solos es comprender que nadie ni nada nos espera si no lo deseamos, que no hay mayor dolor y a la vez mayor regocijo que pertenecerse aunque sea por unos instantes, recordando que no hay mayor peso que la libertad y la responsabilidad intrínseca que poseemos sobre nuestros pasos. Caminar es entregarse al tiempo –tomando el tiempo como movimiento- y al silencio, al difícil oficio de afrontarse en medio de la soledad del caminante. Debe ser por eso que algunos nunca se atreven a caminar solos aunque sea unos minutos. Nos han entregado bajo el pretexto del recorrido seguro con un lugar de partida y uno de llegada, el engaño de que la certeza es un bien, cuando a fin de cuentas es una manera de condenarnos para vivir siempre temerosos intentando conservar algo que en verdad no nos pertenece. Nos entregan la promesa de controlar el tiempo cuando la arena que nos ha sido confiada engañosamente se desvanece en nuestras angustiosas manos. Como si el agua se pudiese contener.
Nos han entregado la angustia de estar vivos, de medir y tazar el movimiento cuando llanamente pertenecemos a él. Como si pudiésemos calcular cada calle, cada paso, cada destino, cuando en verdad lo único certero es la muerte, lo ineludible...el recorrido que nunca podremos calcular o conocer, simplemente por que está entre nosotros. La única manera de calcular el recorrido sinceramente es suicidarse. El más desesperado de todos los intentos por ser inmortal, o sea, predecible.
Cuando se camina sin ninguna pretensión por llegar o abordar, terminas por descubrir que en cada caminante hay un viajero innato, alguien urgido por conocer todas esas tierras necesarias a las que no se puede llegar por medio de la palabra o con el otro, donde la única premisa necesaria para amar es extrañar, donde el silencio es el único y real espacio para estar.
En ocasiones los que nos quieren, creen que el mejor camino debe estar enmarcado entre pequeños puntos para ritual con pasos ya establecidos entre inicio y llegada para un pronto y sano regreso que nos garantice la seguridad de sentirnos queridos y protegidos, cuando en el fondo lo único que nos otorgan es el gran temor de perdernos entre su confianza, de seguir mal los pasos y no encontrarlos. Nos dan la condena de hacer lo imposible para no perderlos, cuando en el fondo somos nosotros quienes nos perdemos en nuestra angustia por tenerlos siempre, caminando concéntricamente hasta caer exhaustos en el suelo sin sentido.
Los rituales no se construyen desde agotadoras presencias. Para gozar hay que extrañar, hay que dar espacio para que el viajante tome rumbo a otras tierras y sepa el valor de su patria o de su pertenencia. Lo duradero y calculado nunca ha sido sello para la dicha. A quien camina debe dársele el derecho de reconocer con su corazón el lugar de su pertenencia curiosamente siempre razón del recorrido. Pues para que viajar si no tienes a donde regresar, si no hay alguien a quien puedas colmar con relatos y obsequios que sólo tienen sentido cuando se te otorga el privilegio de amar y abrazar. Necesitas alguien que te pueda esperar aún con toda tu soledad y esa necesidad siempre presente de recorrer otras tierras para colmar al otro con el mundo que pudiste aprehender.
Todo caminante es un viajero con un punto cada vez más anhelado de regreso, si fuese de manera contraría sería un errante, alguien condenado o un convicto que necesita huir en la mayoría de las ocasiones de sí. Caminar sólo necesita la condición de verse a sí mismo, de escucharse e irónicamente desde el movimiento, permitirse la condición de pertenecer a otros más allá de la evasión o el miedo. Consumirse en la fugacidad del trayecto eso es todo, como suele ser la vida sin medida alguna.
martes, 19 de mayo de 2009
Con los ojos cerrados

“…hay en todos los seres humanos una secreta, personal vida –intocada, protegida-arrancada a la vida en común y de la cual la vida pública es enemiga…”Cecil Collins
No, tú no te encierras – no nos encerramos- lo que sucede es que estamos ávidos por ser reales en un mundo que en apariencia no lo es, y lo peor de todo, que en ocasiones nos pide que tampoco nosotros lo seamos.
No es que queramos cerrar los ojos ante la realidad que nos circunda, todo lo contrario, es que con los ojos cerrados en la mitad de la supuesta oscuridad todo se ve mejor. Por dentro se es más cercano a la transparencia de las cosas. Por eso es que se confía se besa y se abraza con los ojos cerrados.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
